jueves, 23 de julio de 2009

Variaciones olfativas

Al entrar a mi casa se advierte que el garage tiene olor a cinco perros melenudos y sudados. El aroma del sempiterno pinol ocultando sus orines provoca picazón en la nariz.
La sala huele a calor, a mí y a mis papás y un poco al aceite quemado de las enchiladas verdes que desayunamos. Cerca de la pecera huele a una salina, quizá de Oaxaca, a camarones, a mar. El estudio, o más bien, el cuarto de los trebejos, huele a frío que se cuela en la nariz, a paredes humedecidas y a la mezcla de grasa de res, cereales, huesos y carne de pollo y puerco triturados y compactados en las croquetas para perro.
La cocina huele a la mezcla de grasa, chile con cacahuate, piloncillo y galleta de una olla que otrora tuvo mole y que fue puesta a remojar en el fregadero. Huele también a aceite quemado y a cebolla picada que le pusimos a las enchiladas.
La zotehuela tiene un leve aroma a gas, huele también a cemento mojado, a ropa limpia, al suavizante que sobró de hace rato que lavó la señora, a tablas humedecidas y un poco a hollín del boiler.
En las escaleras de advierte cierto olor a polvo y una mezcla de aromas de las tres habitaciones que hay arriba.
El cuarto de mis papás huele a abrazos y caricias maternas, a acetona de los algodones tirados en el bote de la basura, también un poco a barniz de uñas, al perfume herbal que usa mi mamá, a crema para la cara, y vaya, también a zapatos de mi papá.
El cuarto de mi hermana huele a aguas termales, a huevo echado a perder y a azufre debido al tortuguero de la mascota que vive ahí y que por más que mis padres laven no tarda en volver a despedir semejante olor. El closet huele a ropa sin usar desde hace cinco meses y el juguetero, a la mugre de la gata que se mete a dormir ahí desde que parió a su única camada y donde se quedó un olor a líquido amniótico y algo de sanguaza a pesar que de eso han pasado ya tres años.
El baño huele a alguien recién bañado, a vapor, a jabón de flores moradas y casi siempre un poco a orines, a pesar de que mi mamá se empeñe en limpiar con fabuloso de lavanda.
Mi cuarto huele a piel acidulada recién tostada por el sol, a humo de cigarro que se impregnó en la ropa del closet y en las colchas, al dulzón aroma de las flores artificiales del aromatizante que cada que entra alguien se activa y hace pssst. Huele a las notas de color naranja y a la vainilla del perfume que a veces me pongo, a la madera del librero y del baúl donde tengo amontonados una bola de zapatos que huelen a mantequilla de maní algunos, a queso amarillo los otros y a cansancio los demás.

2 comentarios:

  1. Me gustó tu descripción, sobretodo lo de los olores a Pinol y a Fabuloso de lavanda. Es interesante como cambian las descripciones con el paso del tiempo. Mi oficina huele a Ajax amonía.

    ¿Cinco perros? Orale.

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  2. "El cuarto de mis papás huele a abrazos y caricias maternas..." Esta frase me gustó mucho.

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